Debo dejarte ir

Dejarte ir chicoA pocos días de tu extinción mi razón ya no encuentra motivos para seguir llevándote. Sin embargo, esa punzada de dolor en mi corazón me advierte, sabia, que como siempre me equivoco. Normalmente callada, el alma me grita como conciencia, cuando mi carne desvaría. Es una lucha entre titanes, mi razón se le planta soberbia cargando todas mis ciencias. El campo de batalla es mi mente y seguramente la disputa, me dejará algunas lágrimas como daño colateral.

Cuando te conocí disfrutábamos de unas tranquilas y añoradas vacaciones. Con Julia éramos dos gatos que, panza arriba y con los ojos entrecerrados solo tomábamos sol. Tu compañía suave apenas se dejaba sentir. Afianzamos nuestra mutua confianza durante el regreso a la actividad. Fueron momentos de nuevos desafíos que renovados y contentos afrontamos con decisión.

Estuviste allí, cuando despedí a un hijo que, no del todo convencido, partía a una lejana ciudad. Estrenando su primer trabajo se encaminaba a un futuro totalmente distinto. Ni tuve tiempo de pensar en el famoso “nido vacío”. De países lejanos “aterrizó” mi hija, trayendo junto a su equipaje a uno de esos tornados de Texas. Tal era su potencia que pese a sus tres años devastó “las instalaciones”, hizo añicos mis rutinas y me colmó la paciencia y los oídos. No contenta con eso, ella también se quedó con una parte de mi corazón

¿Cuántas partes puede tener un corazón? Ahora creo que infinitas. Están nostálgicos cada uno de mis amores de ayer, vibrantes los de hoy e increíblemente ya hasta tienen su lugar los que imagino para mañana.

Pasado el ventarrón volvimos a encontrarnos. Fuimos desgranando juntos los meses, buscando nuevos lugares y amigos. Alguno, quizás, mira ahora tras mi hombro, este cuento. Pareciste alegrarte conmigo cuando esta casa fue designada la sede oficial de la navidad.

Creo que solo Julia sospecha lo importante que me resulta. En este mundo cambiante que busca convertirnos en anónimos, por fin puedo brindarles a mis hijos lo que yo no tuve. Un lugar en el que, comenzando ya la cuarta generación, puedan considerar un hogar. Ese que sé ellos sienten como su origen y al cual pueden regresar a abrevar cuando lo deseen o necesiten.

Me siento secretamente feliz de que a las llaves de esta casa las tengan tantas personas queridas y ansioso deseo, cual cerrajero, que aumente su número. Ya está hecho. No hay mandatos. Aunque mañana todos sus ladrillos fueran polvo, nuestro hogar viaja con ellos.

En medio de tan buenas expectativas, te apareciste un día con la noticia de un renovado dolor de una amiga. Fue tan cruel que sentimos como si con un baldazo de agua apagaran el fuego ¿Cómo no acompañar esa pena ya penada? Desde mis errores de años traté torpemente de acercar el poco consuelo que había aprendido.

No cejaste en tu papel de cuervo una, dos veces más nos contaste incrédulos la pérdida repetida que sufría. Era como que el destino le disparara a su alma tiro tras tiro, borrando su mundo de décadas y con esos golpes intentaba llenarlo de sombras.

Llegaron al fin las navidades y acompañaste a cada uno de mis hijos al umbral de casa. Fue tanta la alegría que olvidando tu máscara macabra te pedimos te nos unieras. Todo salió tan bien como imaginamos, sólo algunos problemas prácticos, intrascendentes y de los cuales ya sólo recuerdo los graciosos.

También tuvo un sabor agridulce. Aún a ahora sigo aprendiendo la vastedad de la solidaridad humana. Cómo una amistad sincera supera cualquier prejuicio. Saber que mi felicidad era una bombilla de luz en ese atardecer de mi amiga y sabiéndolo, ser doblemente feliz para iluminarlo aun con más fuerza.

Cuando terminó, todo fue sosiego y retirada. Luego, justo el treinta y uno de diciembre, perdiste tu trabajo. Taciturno presentaste a tu sucesor bajo los fuegos de artificio. Ambivalente y como buscando consolarte, imaginé seguirte algunos días más.

Ha pasado Reyes, aún no tengo la perspectiva del tiempo necesaria como para apreciar lo bueno y lo malo que ha sido conocerte. Sólo puedo asegurar, antes de dejarte ir desechando tu almanaque vacío, que tu número es ya uno de los hitos de mi memoria.

 

Carlos Caro

Paraná, 10 de enero de 2014

DescargarXPS:  http://cort.as/D3aJ

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7 comments

  1. No puedo creer cómo es que recién leo todo este tesoro.
    Carlos. Tío querido. Leí tus cuentos bajo el efecto de una hipnotización profunda y no dejo de asombrarme frente a tanto talento para la redacción. Pero sobre todo quiero destacarte por esa gran capacidad de rescatar momentos y pensamientos muy particulares, y dejarlos plasmados para siempre.
    Mientras leía, noté que se iban activando sectores de mi memoria, por momentos dormidos. Es que ciertas expresiones tuyas me hacen acordar mucho a mi papá. Y se me dibuja una sonrisa en la cara.
    Te felicito, tío. Y, aunque las distancias nos tengan con un contacto distante, te extraño.
    Hiciste que por un largo rato me quede atontado, con la piel de gallina y una alegría grande en el corazón. Ese efecto que logran solo los buenos escritores.
    ¡Un fuerte y largo abrazo!

    Francisco

  2. Todos le recordaremos lleno de momentos. Unos malos, otros no tanto, e incluso alguno bueno, claro, por qué no? Y todos ellos sin duda, igual de importantes, material del que se fragua lo vivido y del que se hila el velo del recuerdo. Vislumbro cierta tristeza melancólica en tus palabras, no exentas de un sentimiento de paz que transmites muy bien. Un beso, Carlos.

  3. Que bien me lees Lavanda. Es el primer año que recorro con la lucidez que da el escribir. Ha tenido los picos mas altos de felicidad propia y a la vez los valles mas profundos del dolor ajeno pero querido. No creo se repitan tales alturas y solo agradezco haberlo transitado con el corazón en la mano. Un beso

  4. Adelante, Carlos. El placer de tu escritura lo compartimos muchos, y leerte es ponerle siempre colores y aromas al sentimiento. Espero que sigas regalándonos trocitos de tu recuerdo y creaciones de tu mente imaginativa. Un abrazo fuerte.

  5. Pensé que junto con el año se había ido la entrada porque al ir a comentarte esta mañana me salió un mensaje de que no existía la página. Habría sido una pena perderse un recorrido tan precioso por sus estaciones. Besos: Sol.

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