Que nadie llore por mí

Que no lloren 3Ayer visité una casa ajena, su título era “Papá”. Cuando comencé a leer la pantalla perdió brillo, me vi de pronto rodeado de sombras. Tal era la aflicción de esa hermana menor, que me recordó de pronto ese abismo de dolor y vacío que, como un castigo, llevé durante años. Por un momento hasta casi sentí de nuevo a los perros de la angustia morderme el corazón.

Me sacudí todo ese dolor prestado de quien luchaba con la pérdida de un padre. Intenté dejarle un consuelo… Demasiado escueto, quizás ni siquiera con la profundidad necesaria. No sería comprendido, era inútil, mis palabras no le llegarían. En el mismo momento advertí que algún día mi propia sangre transitaría ese calvario. Mi felicidad se apagó bajo esa culpa y finalmente agregué mi agradecimiento por habérmelo recordado.

Es por eso que dejo este testamento, no sólo para mis hijos y allegados sino también, para cualquiera que lo necesite. Puede ser entendido hoy o guardado durante años ya que no perderá vigencia mientras el hombre siga siéndolo.

Reparto aquí mi mayor riqueza: la certeza.

Solo puedo mostrarla y describirla, distraído, ni siquiera sé qué caminos transité para llegar a ella. Sin dudas, no se trata de religión o auto-ayuda. Podrían ser sólo una montaña de años y la continua reflexión. Después de todo, ya mayor, hasta veo divertido a mis jóvenes padres, detenidos en el tiempo por mi mente.

Resulta extraño cruzar esa línea. Hasta alcanzarla tenían la aureola de la paternidad y hace algunos años que, con sorpresa, puedo verlos como a cualquier persona, con sus virtudes y sus defectos. Puedo al fin darles un amor humano.

Allí hay algo de la respuesta; mi amor egoísta de familia, tribu y nación abarca ahora a toda la humanidad que comprendo. Debo reconocer que a la mayor parte de ella no la puedo abarcar; he estudiado todo lo posible y seguiré intentándolo, pero mi pauta cultural es demasiado fuerte y apenas rozo la superficie.

Como al pasar, la primera certeza es fácil y ya en mi madurez la obtuve: Dios.

Uso la palabra a modo de sello por conocida y reconocida, aún quien no lo tenga, sabe de qué hablo. No aludo a ninguna religión, mito o necesidad. Soy ingeniero y como tal desayuno matemáticas, almuerzo física y ceno con química. Existen en la naturaleza tantas “excepciones” sin las cuales no existiríamos, o no como humanos, al menos, que sería de necios pensar que todas y juntas son fruto del azar.

En ciencias no pueden existir las casualidades, dos más dos no son “casualmente” cuatro. No me crean, sólo pregúntenle a algún conocido que sepa de ciencias y que tenga más de… cuarenta y cinco años. Eso sí, consúltenlo privada, confidencialmente, y si es posible con algo de alcohol de por medio. Está tan asustado como todos mis colegas de que lo crean religioso, chamán o profeta y de esa manera perder su reputación de serio.

En estos momentos, lo últimos descubrimientos son como un maremoto: en la superficie ni se nota pero debajo…Debajo están barriendo la asepsia de la ciencia, están haciendo añicos casi doscientos años de teorías, están derrumbando egos enormes que caen bajo el peso de esa misma ciencia que los encumbró. No es de maldad sino de bienvenida mi sonrisa y la palmada de consuelo que les doy sobre la espalda.

Por fin, creo que me serviré para explicarlo, de parte de una carta enviada a una amiga que pasaba por circunstancias parecidas:

“Sin embargo, aunque me emocione, entienda y hasta recuerde la amputación, injusta, dolorosa, palpitante, total, insoportable e incomprensible, con cariño y amor te digo: somos más que carne. El fuego que existe dentro de cada uno no se apaga, a lo sumo cambia. Si nos duele es de ansiosos, están a la vuelta de la esquina. En un instante de este universo ya estaremos juntos de nuevo.

Fijate que este mundo de razón empezó con los griegos que, justamente, pensaban lo contrario. Todo debía ser vivido desaforadamente. Llegabas a semidiós o te sumergías en las sombras, pues Nada existía; era Hades y allí terminaba todo.

Pensá ¿Cuánta razón se ha necesitado para desarraigarte de tu alma? La misma razón ¿No te indica que sería un desperdicio inaceptable que la esencia enorme de cada uno desaparezca?

Creo que por lo menos vale la duda, la mayor parte de mi vida la tuve. Ojalá pudiera decirte cómo obtuve la certeza. Desde ningún lugar te llamo, te grito, te prometo, te aseguro que no hay nada igual a sentirse completo, unido, “amuchado” en el tiempo y el espacio. Que la historia te atraviesa y te lleva y te engarza con la humanidad de ahora y de siempre.

Y si esta nota no se nota, escribiré otra y otra. Siempre vale la pena. Todos somos todos,”

Hijos, compañeros, amigos. Mi camino recién comienza y soy feliz. Por favor, que nadie llore por mí.

 

Carlos Caro

Paraná, 11 de diciembre de 2013

Descargar XPS:  http://cort.as/D3YZ

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