Ilusión y Elvira

Ilusión y Elvira MegustSus brazos sobre mi cuello, fuertes, desesperados. Ella sólo aspiraba aire, lo retenía para no gritar. Allí por fin murió su corazón. Me golpea el vacío que deja. El abrazo resignado se tornó última caricia. Tan angustiado estaba que sentí arder sus lágrimas y las mías en la mejilla. Inspiré, muy profundo para recordarlo, su suave perfume de jazmines. Quise creer que mis ojos veían borroso por estar envueltos entre sus cabellos.

Cuando se aflojó fue como un derrumbe. De pronto hubo espacio que nos separaba. Esa brecha caló hasta mi mente, otra vez fuimos dos. No pude entender esa soledad, hui herido hacia mis recuerdos.

Me reencuentro con tus ojos, tan fijos sobre los míos cuando lucía todos mis dones, mi verba y mis sonrisas en el afán de conquistarte. Me dejo llevar por ellos, en un remolino agridulce de felicidad y angustia ante cada parpadeo. Los paseos tranquilos y cariñosos sobre el césped o agitados y compañeros sobre las veredas. Esas mil y una tonterías que sólo nosotros advertíamos con una sonrisa compartida. Rodeados inocentes por cejos fruncidos que envidian nuestro… ¿Amor?

Fue como encontrar una nueva flor, un espléndido coral u otro color en el arco iris. Algo tan enorme que nuestras almas fatigadas de soledad bebieron hasta saciarse maravilladas. Ese era el nido en nuestros corazones del que hablan, incomprendidos, los poetas. Es la fuerza que anima, que busca, que crea, la que une y manda a cruzar la vida a cada pareja. Ni siquiera imagino que una vida humana se pueda transitar solo, sin amor, sin cariño y sin apoyo.

Sin embargo, tal castigo quisieron imponernos. No aceptaron nuestra unión por ser primos. Nos trataron como a tontos e irresponsables. Intentaron separarnos ¡Locos! Ya éramos uno, debían cortar la carne si querían lograrlo. Quizás amputar mis piernas y tus brazos les hubiera bastado.

Todopoderosos huimos lejos, para comenzar la vida de nuevo sin apellidos, desde cero. Casi lo logramos. En el año dos de nuestra era juntos, nació Elvira. Desde que la tuve por primera vez en mis brazos y vi su rostro, sentí ambivalente un cariño infinito y una sorpresiva nostalgia.

Inocente, la pequeña estalló como una bomba, hizo mil pedazos nuestro bucólico pasar. Con solo tu instinto como escuela, desde ese día atendiste todos los horarios y todas sus necesidades. Tantas noches molestadas, tanto trajín durante el día, finalmente me acorralaron en mi papel de proveedor.

Con las artesanías y los turistas no alcanzaba, de modo que busqué un trabajo que nos sostuviera. Durante esos meses fui un malabarista que mantenía en el aire los problemas cual pelotas de colores. Algunas veces eran más y otras menos, pero aún con el pulso tembloroso, no dejé caer ninguno.

Temprano te traía a Elvira para que la amamantaras, salía corriendo antes del amanecer para ojear las páginas de empleos de los diarios recién llegados. Con el plan preparado, recorría la mañana con entrevistas. Al mediodía y por la tarde vendía artesanías en la plaza; ya anochecido pasaba por el almacén en pos de lo imprescindible y visitaba la farmacia por pañales, tantos…Vos me recibías con un beso y Elvira… llorando y llorando.

Creo que la falta de sueño, la fatiga, el mal comer y en tu caso, los requerimientos de la nena, nos embrutecieron. Cual robots, no podíamos detenernos ni un instantes a pensar o sentir. Solo así logramos seguir día a día. Algo mejoramos, pero la culpa de su concepción, fue ese corrosivo diario que carcomió sin pausa ni piedad las murallas que protegían nuestro único núcleo. Nos empeñamos algunos años, apretando los dientes, mientras inútil, esperábamos desesperados que algo cambiara. De soslayo veíamos el abismo, pero fieles mirábamos al frente con una sonrisa macabra.

Cuando girás y me das la espalda, la impresión contundente de lo definitivo me regresa desde la memoria. Te veo alejarte lentamente, con los hombros bajos, como de luto, arrastrando una vida que ha dejado de serlo. El sol se apaga, como en un eclipse y el mundo se llena de sombras. En ellas quedarán estos meses de peleas, recriminaciones y desgarramiento.

Cierro la puerta y, como si soplara sobre los rescoldos de nuestro amor, su brillo me hace sufrir tu soledad. Me apena que no lo comprendas, que ya no tengas por quien vivir.

Siento que recorren mi espalda unos pequeños ojos semivacíos. Me recompongo y con la mejor de mis sonrisas giro y me enfrento, con mi amor inclaudicable, a su carita sin expresión.

¡Elvira! ¿Estabas espiando…?

 

Carlos Caro

Paraná, 13 de Noviembre de 2013

Descargar XPS: http://cort.as/D3Y2

 

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6 comments

  1. Es demasiado triste, te ahoga, supongo que es lo que pretendías pero me resulta desesperanzador. Abarcativo no suena bien (no es una palabra bonita), sería mejor protector, amplio o simplemente “algo de lo que nuestras almas…”. Un beso: Sol.

  2. Ha cambiado el tiempo, está nublado y llevo un día tormentoso, creo que tenías más razón de la que yo misma sospechaba. Enorme es muchísimo más bonito, más acorde con tu estilo. Gracias. Besos: Sol.

  3. Triste pero realista como la vida. Muy de acuerdo en lo que has corregido, enorme es una palabra mucho más poética.

    Un abrazo a ambos.

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