Gardenias

                                                                                                                                                                   Dedicado a una amiga

 

Gardenias 1Al fin pude arreglar todo. Huyo y corro despavorido, miro temeroso sobre el hombro y tropiezo, caigo y ruedo pero me levanto al instante y sigo corriendo, ni siquiera me preocupa si me he lastimado. Me calmo sólo al dar la vuelta de la esquina, creo que escapé.

Me detengo respirando agitado y me impongo recuperar el aliento. Mi mente sabe que sueño, me engaña y lo tiñe de realidad. El día es cualquiera, anodino e insólito. La brisa se ha detenido y las hojas de los árboles lucen paralizadas. No hay tránsito ni personas. Con esperanza miro hacia arriba y tampoco encuentro a las aves ni siquiera encuentro al sol, sólo un cielo de color pastel, celeste grisáceo, opresivo y uniforme.

Me pongo en marcha sin rumbo, el instinto me indica alejarme. Las flores me niegan su perfume y están cerradas. Medito si es por mí o este extraño lugar que me aloja es siempre así. Oigo lejano un corto ladrido de perro y el escucharlo me descubre incrédulo el silencio total que me rodea. Sin embargo, le han abierto una fisura y ya también oigo mi aliento y mis pasos. Sin orientación alguna, inconsciente quiero buscar el ladrido.

La calle es una cortada y me encuentro decidiendo como una cuestión de vida o muerte la dirección a seguir. Atónito veo a la derecha, a pocos metros, una imposible planta de gardenias enraizada en una grieta en medio del asfalto.

Sé que mi mente juega conmigo, mas con una sed infinita aspiro su aroma y lleno mis ojos vacíos con sus delicadas flores blancas. Con mucho cuidado corto una y sigo ese camino marcado. Coloco su tallo sobre el segundo botón de mi camisa abierta y una recobrada brisa juguetea con su perfume.

El espacio se abre en una plaza y con esa misma brisa todos los árboles agitan ahora sus copas. La fisura del sonido se rasga completa y oigo el arrullo de las hojas. Con sorpresa me llegan los piares y aleteos, allí están nuevamente, cientos, miles de aves que van y vienen. Me acomodo en el banco como en un remanso. Al seguir algún pájaro mis ojos encuentran al sol brillante y con él a los colores. Cuando bajó la vista me rodean todas las flores inadvertidas. Cansadas de esperarme se abren ansiosas buscándome para lucir orgullosas sus pétalos.

Me pienso feliz pero vuelvo a escuchar inquieto los ladridos. Con un vago recuerdo de dónde vengo, reemprendo la marcha. Es un largo camino polvoriento que cuesta arriba me lleva a la cima de una colina. Se hace largo y el sol aprieta, me saco la camisa y llevo la gardenia en la mano. Cambia el viento y de frente me trae otro olor, nuevo.  Busco en mi memoria, desconcertado, y al fin con una sonrisa lo reconozco, es el olor del mar.

Es un olor salino, a iodo, inconfundible. El polvo del camino se hace arena y la colina, duna. Antes de verlo ya lo oigo, ese rolar de las olas, una tras otra infinitas. Aparecen las gaviotas, cual centellas o esperando inmóviles en el viento su oportunidad rapaz. Llego a la cima, una suave pendiente de playa me lo muestra al fin. Llena el horizonte y acaricia incansable la costa con sus olas. Corro hacia él pues mis pies se queman y veo a mi perro, Chichón que le pelea enojado su espacio a cada ola y ladra pidiendo mi ayuda. Refresco mis pies a su lado y en traje de baño, siento que la gardenia me llama, esplendida, desde mi mano.

Acudo, y mientras siento que Chichón rasca la puerta, te beso con un suspiro el cuello bajo la oreja.

—Buen día mi amor, hoy salimos de vacaciones ¿Te acordás? — La despierto aspirando su suave perfume de gardenias.

 

Carlos Caro, Melchor, Gaspar y Baltasar (obra conjunta para el día de Reyes)

Paraná, 04 de diciembre de 2013

Descargar XPS: http://cort.as/D3ZH

 

 

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2 comments

  1. Gracias a los 4 Reyes Magos responsables del relato. Leerlo es toda una sucesión de imágenes como en un sueño y me gusta soñar despierta.
    Besos: Sol

  2. Qué bonito, Carlos, es así como son los sueños, lo sé. Has llenado tu sueño de olores, tu sueño aromático. Un millón de gracias por compartirlo y dejarme vivirlo contigo. A los cuatro. Un beso gigante.

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