Flora

Flora liibook Me gustSentí el golpe, de tono grave y profundo, como resignado. Un presentimiento me molestó intrigado. Nervioso abrí las cortinas y los ventanales para asomarme a la terraza. Una luna finita apenas iluminada. Giré hacia un lado y hacia el otro, quise sentir, ya que el ver era poco. Pero nada, no se repitió. Era una noche normal en que la ciudad murmuraba. Intranquilo cerré todo y volví al refugio de mi lecho.

No sé si ya dormido, la miro a mamá mientras planta un palo borracho en el fondo de casa. Casi de mi altura lo veo escuálido pero de temer, esta erizado de espinas amenazantes.

—Pero en la ciudad hay muchos de estos ¿Por qué otro palo borracho? — razono intrigado.

—Los de acá son blancos y de tronco panzón. Éste es distinto, es hijo de los que trajo tu abuelo del Paraguay. Con flores fucsia y su tronco es esbelto, casi columnario— Me enseña, mientras con gruesos guantes lucha con el larguirucho para acomodarlo en el hueco

—Va a ser tu compañero, si te cuidas, durará tanto como tu vida. De esta especie no son muy longevos, pero mientras conserve alguna raíz, se mantendrá de pie.

Al darme vuelta entre las sábanas, un olor a comida me regresa a esos almuerzos de los domingos; mientras mastico, lo miro desde la casa. Sigue flaco pero su copa ya se extiende hasta la terraza.

Parpadeo irritado y lo redescubro en el borrón de las lágrimas cuando tomó posesión del lugar. Me aferro a esas paredes como si pudieran mantenerme unido a mis padres perdidos.

Aturdimiento, trabajo y evasión escondieron el dolor, pero también extraviaron mi alma. Creí empezar la vida de nuevo. Con mi compañero y una nueva familia, hui de la memoria, regalé todas las fotos. Embalé y escondí en cajas todo vestigio del ayer. Ni advertí que allí también quedaban, polvorientas, mi niñez y juventud.

Todos florecimos y nos extendimos. Tanto que ya nos estorbábamos. Su majestuosa copa abarcaba medio jardín. Firmemente apoyada en esa columna vegetal imponente. Seguíamos las estaciones con sus tiempos. Primero, lleno de hojas verdes que abanicaba la brisa. Luego, todas perdidas para no distraernos, mientras nos mostraba miles de flores extrañas y fucsias. Más adelante, con ellas también perdidas, resaltaban los frutos.

Siento de nuevo la impresión, sonriendo, cuando verde aún alguno se desprendía. Era casi medio kilo que cayendo desde siete u ocho metros de altura, producía un ominoso quebrar de ramas que te petrificaba como posible blanco. Al fin secos por el sol, se abren, descubriendo un corazón de algodón. Comienzan a deshacerse en mil flecos, llevando las semillas flotando lejos en el viento.

Era demasiado grande y limpiar sin fin todos los rastros de sus bellezas, nos condujeron inconscientes a su poda. Otra vez revivo mi caminata al horror. Cuando regresé de trabajar me dirigí hacia el ventanal. Había demasiada luz, a lo lejos veía al sol en lugares ajenos. Empecé a jadear de ansiedad y de miedo. Azorado se me hizo Cristo en la cruz. De su espléndido torso salían cuatro cortos muñones.  Su copa vibrante había desaparecido y el jardín impúdico lucía desnudo de sombra su revancha.

En medio del dolor, creo que solo quisieron darme esperanza. Me explicaron que los árboles tienen tanta raíz como copa, que quizás algunas sobrevivirían y lograrían el milagro. Había que esperar. Y esperé…

Me despierto tarde y con dolor de cabeza, molesto me acicalo y preparo el desayuno, coloco la bandeja sobre la mesa frente al ventanal y al levantar la vista, mis ojos ven por fin lo que mi corazón herido ya sabía.

No ha querido ni molestar. Sin raíces, anoche, se apoyó contra la pared cercana. Hasta su fin ha sido orgulloso, no cayó.  Murió de pie como mueren todos los árboles.

Todo el tiempo del mundo se abate sobre mí y mientras vuelvo a escuchar el vaticinio de mamá, lo entiendo descarnado. Yo tampoco ya tengo raíces.

 

Carlos Caro

Paraná, 24 de octubre de 2013

Descargar XPS: http://cort.as/D3XT

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7 comments

  1. Me cuesta mucho dejar un comentario entu blog Carlos. Repito el comentario a ver si esta vez…
    Hola Carlos. Me presento, fui tu compañera de web, Isabel Caballero, no sé si me recuerdas, (no voy a decir ex porque vamos a seguir siendo compañeros de blogs), Alejandro, Lucio Voreno (Jorge) yAna Madrigal me han ayudado a montar mi blog y a enlazar este tuyo. He elegido la entrada de “cuentos” para empezar a comentarte, porque yo también me considero una “cuentista” en el sentido narrativo del término.
    ¡Qué bien escribes Carlos!…con amplitud de vocabulario, y con una extensa gama de tonos cromáticos, porque tus palabras tienen colores, no lo dudes.
    Déjame empezar por algo que me araña un poco (lo único), todo lo demás es de matrícula de honor:
    El “resign-ado y el intrig-ado” están demasiado cercanos, y por lo tanto hay cierta cacofonía de terminación similar (o eso me parece)…pero todo lo demás amigo, todo lo demás es GRANDE.
    Me gusta la magnitud del golpe inicial (a pesar de los ados), , .tal como lo describes genera inquietud, la descripción del palo la planta y sus variedades. Le das el mismo tratamiento que a un ser humano (con cariño y precisión, compañero de vida)
    Hay nostalgia, hay recuerdos, hay saudades de la familia de antaño, de las cosas perdidas, y todo ello mezclado con cierto perfume floral. Es sensitivo y es cromático.
    Es un extraño árbol del que hablas, me han dado ganas de saber de él. Y has enlazado muy bien la vida con la muerte, los inicios y los adioses, con el gigante no caído, puesto que murió de pie.
    ¡Qué bonito Carlos! Me alegra haber empezado por este gran cuento. Te felicito compañero.

    1. Te recuerdo perfectamente Isabel, que bueno que Lucio, Alejandro y Ana, te hayan convencido de usar los Blogs. Tienes razón con los -ado, pero al escribir, febrilmente, en los últimos, no tengo tiempo de corregir. No entiendo por qué recién hoy me ha llegado tu comentario, gracias y un beso, Carlos.

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