Lluvia

lluvia 3Llueve…, me lamento y mi ánimo como si soplara una vela, se apaga. Miro taciturno ese cielo gris sin matices. El mismo gris, mire hacia donde mire, incluso en mi entorno. Esperanzado cierro los ojos y me desengaño en seguida, ya está hasta dentro de mí. La melancolía me arrebata y sufre mi memoria.

Ni siquiera es tormenta, que me deja atónito por su poder, que me espanta con el rayo, que hace resonar mi vientre con el rugir de los truenos.

Ni siquiera esas rachas de viento huracanado en que la lluvia en vez de caer pasa de largo. Ni siquiera esas enormes nubes oscuras que luchan entre sí hiriéndose con los relámpagos que las perfilan.

Ni siquiera puedo con reverencia ancestral, pensar desde el fondo de la gruta que los dioses están enojados y castigan al mundo. No… Ni siquiera.

Es el limbo, es el hades o quizás, el purgatorio ¿Habrá un sol todavía más allá del gris? ¿Existirán los colores y reconocerán sus lugares? Estoy desvariando desorientado y mi mente se pregunta por qué.

Me veo pequeño, pegajoso por el calor del verano, salir corriendo ante el primer trueno. Nos juntábamos en bandas, en las plazas o en el parque con una semisonrisa anticipatoria. Ante todo, encontrar un refugio apropiado, allí quedaban pantalones cortos, remeras, medias e increíblemente, zapatos abotinados; todo debía permanecer seco y limpio pues si no, las madres de la banda, aplicarían implacables el correctivo merecido.

En calzoncillos esperábamos las primeras gotas y entonces estallaba la fiesta, mil sonrisas recibían la lluvia. Era un baile maravilloso mientras el agua nos recorría el cuerpo. Dejándonos frescos y limpios. Con los cabellos chorreantes, agitábamos la cabeza para sentirla coronada con miles de gotitas que se desparramaban alrededor.

Pero lo mejor eran los charcos. El saltar descalzos sobre ellos produciendo explosiones de agua que nos mojaban ya mojados. El patearlos fuerte, con fingido encono, para salpicar inútilmente a otro. Esa sensación del pasto inundado, las plantas de mis pies la recuerden aún hoy, secas y gastadas.

En cuanto escampaba, era el desbande general llevando a cuesta el bulto de la ropa y los zapatos nos apresurábamos en el regreso a “las casas”, para esperar jugando hasta que el próximo trueno nos llamará cual clarín, otra vez a la contienda.

Pensando en aquella sonrisa infantil me encuentro en la casa de los abuelos de Julia, en el campo. Estoy de visita de novio, todo seriecito, pero la pícara abuela no me da tregua, me ofrece vianda tras vianda y chiste tras chiste. Feliz, abandono mi camuflaje y río desbordado. Ya hasta contraataco y retruco animoso y así es que de pronto… La cocina llena de gente, se ha hecho familia y amigos y pueblo.

La lluvia aquí detiene el afán, no hay tarea posible en el campo, es el momento que sin culpas ni remedio, todos se dedican a todos. Si cerca con paraguas, si lejos con el automóvil. El día transcurre visitando y recibiendo. Se ponen al día de las noticias y chismes, se intercambian recetas, se opina de la calidad de las semillas de este año y a veces, hasta se cura de palabra algún empacho.

Por supuesto siempre hay un juego de cartas, yo creo que más por tener otra excusa para hablar que otra cosa. Mi mente masculina no puede entender cómo cuatro o más mujeres sostienen al unísono cuatro conversaciones distintas, contestándose y sin perderse. Es como que cada una habla consigo misma, pero no, han seguido todo.

Mientras regreso a mi día gris, todavía quema en mi boca ese bocado de torta frita recién preparada por la tarde. Contrasto mis lluvias felices y me doy cuenta que me faltás.

Tu ausencia es la que me opaca el día. Los años se me amontonan encima y el frío llega a los huesos. No importa, te busco en los recovecos de mi conciencia y como siempre te encuentro, enciendo el fuego y en su calor te abrazo juguetón.

Mi beso se hace sonoro en mi mente sobre tus labios y te invito a pasar esta ahora agradable lluvia conmigo. Con mi mejor sonrisa te prometo mentiroso que no, no saltaré sobre ningún charco.

 

Carlos Caro

Paraná, 16 de Noviembre de 2013

Descargar XPS: http://cort.as/D3Yw

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10 comments

  1. Ay, Carlos, cuántas maneras distintas hay de saltar dentro de los charcos…! Todo tu relato no es más que una hilera de saltos en el charco de la nostalgia, esa que nos salpica de gotitas los brazos y las piernas y acerca los momentos vividos para que podamos volver a saborearlos. Nostalgia, qué calorcito le entra a una en el corazón cuando recuerda…

    Beso y abrazo.

  2. Vaya…ahí arriba he visto a Carlitos en todo su esplendor, riendo con sus amigos bajo la lluvia.

    Merece la pena rescatar aquellas sensaciones.

    Me ha encantado, Carlitos.

    Un besazo

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